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Antología II

26 julio, 2014 jorge@churio.org
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Antologia II 400x614Natalia Moret, Sergio Olguín, Gustavo Urueña Chaia, Valeria Tentoni, Guillermo Martínez, Cristian Godoy, Juan Diego Incardona, Elsa Drucaroff,  Agustina Catalano,  Federico Andahazi, Gabriela Cabezón Cámara, Juan Guinot, Patricia Suárez


“Inmersos en otros mundos, habitados por seres e historias tan disímiles como sus observaciones particulares, autores como Sergio Olguín, Federico Andahazi, Natalia Moret, Guillermo Martínez, Valeria Tentoni y Patricia Suárez, entre otros, componen una especie de colectivo feliz, liberado de lo canónico, contagiando ese entusiasmo a quienes leemos sus cuentos. Se destaca también la edición en sí, que combina economía con una propuesta atractiva.”
Revista Rumbos, septiembre de 2011


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PrólogoReseñasContenidoAutores

Prólogo

Aunque muchos piensan distinto, el primer paso para plantear la construcción de una antología es elegir los nombres que participarán. Por lo menos, así fue en este caso. Hay un motivo para haber desechado otros criterios: el concepto del outsider.

Nuestro oráculo contemporáneo (Wikipedia), explica de qué se trata con bastante sencillez:

“El término Outsider identifica algo en la periferia de las normas sociales, alguien que vive aparte de la sociedad común o alguien que observa un grupo desde fuera”.

Existe una suerte de imaginario colectivo con respecto a la figura del escritor. Algunas figuras que rozaron o se empan-tanaron en la locura, el alcohol, el abuso de drogas o el delito, construyeron un halo de misterio alrededor de los escritores. Incluso quienes no parecen ajustarse a este prototipo a menudo son vistos como extranjeros en la sociedad. Hay una cuestión ineludible: en tiempos donde generar riquezas, consumir y perseguir los últimos adelantos tecnológicos son el motor del mundo moderno, los escritores se obstinan en emprender tareas de baja rentabilidad y escasa demanda, cuya principal innovación está dada por los cambios que ofrezca Microsoft a su poco impactante software Word.

No es la única actitud extraña en estas personas: aunque nadie pueda asegurar que se trata de eso, hay quienes dicen que ser escritor significa molestar, hacer visible lo que esconde el alma humana, poner en palabras aquello que apenas se percibe como una amenaza distante en algún lugar de una sociedad. Sin dudas, un escritor responde naturalmente al concepto. ¿Para qué sirve verdaderamente alguien que escribe? En el mejor de los casos, para alimentar el alma o sembrar alguna duda; también, para entretener o provocar rechazo. Nada demasiado importante, por lo menos no en estos tiempos.

Sin embargo, ahí estamos los que escribimos, los que hacemos libros y los que los leemos. Somos outsiders de la sociedad del reality show, del auto último modelo y del último juguete tecnológico. Incluso quienes también van por esos carriles, no dejan de ser mirados como extraños. Al fin y al cabo, todos tenemos algo de outsider y sólo es cuestión de elegir si hacerse cargo o dejarlo pasar.

Los escritores nos hacemos cargo. O algo así. Pasar gran parte de nuestra vida frente a una computadora, imaginando que recordamos -o al revés- es tener conciencia de que nuestra actividad no forma parte del mundo que vivimos. Pasarnos media vida extra-ñando personajes ajenos, preocupándonos por historias que nunca fueron reales o hablando en voz alta con autores que ya fallecie-ron, son otros de nuestros vicios como extranjeros de la realidad. Sin embargo, nadie puede decirnos que no trabajamos con la realidad, o hacia ella.

Ser escritor es ser un outsider siempre y reconocerlo como par-te fundamental de nuestra vocación. Quizás esa premisa, movernos por vocación y no por interés, nos defina aun mejor.

Esta antología reúne textos de escritores que están fuera. Algu-nos están fuera de la sociedad, incluso cuando sus libros sean reco-nocidos, leídos y alabados por cientos de miles de lectores. Generan fanatismo por ser outsiders, por no decir lo mismo que dicen todos.

Otros también están afuera del mercado. Son poco conocidos, o tienen pocos lectores. Pueden ser populares en el mundo de los outsiders, pero ese mundo entero no logra encajar en el que llevan adelante las tapas de los diarios, los programas de televisión o las señoras en la verdulería.

Y están los autores que están afuera, incluso, de la literatura. Escriben, pero todavía no saben hacia dónde van, ni si es un cami-no que de verdad quieren recorrer. O la literatura todavía no los dejó entrar, por lo menos hasta que se abrieron las páginas de esta antología.

Este libro reúne textos de escritores que están afuera de algo o de alguien, siempre. Como tal, funciona a modo de testimonio de una época. Puede ser leído como un corte transversal de lo que se escribe a principios del siglo XXI en Argentina. Lo que se escribe y no se publica. Lo que se escribe y no se lee. Lo que se escribe y es tan visible, que a veces pasa desapercibido.

Una antología de los que están afuera, pero también están aden-tro de algún lugar, es también una oportunidad para el encuentro entre autores, y entre ellos y sus lectores. Al fin y al cabo, la litera-tura es un diálogo más allá del tiempo, un espacio de comunicación allí donde no hay más que silencios.

Enzo Maqueira – Valeria Iglesias, agosto de 2011

Leedor.

Por Kekena Corvalán 3/9/11 en leedor.com (ver artículo original)

Ediciones Outsider presentó su II Antología con 13 relatos que incluyen autorxs emergentes y consagradxs. Destacamos dos textos: el de Gabriela Cabezón Cámara y el de Patricia Suárez.Dirigida por Valeria Iglesias y Enzo Maqueira, Ediciones Outsider comienza su II Antología de relatos con un prólogo de ambos editores, reflexionando acerca de cuán cerca está hoy un escritor de ser un outsider, criterio para seleccionar los 13 nombres cuyos textos conforman este libro. Quizás podamos pensar también al cuento mismo como un outsider de la contemporaneidad.

Nos detenemos en dos perlas que nos llaman la atención de la antología.

La Reencarnada, de Patricia Suárez, un texto película, que implosiona de acciones, que nos hace viajar, que dura y se hace performático, quizás revolviendo la maestría dramatúrgica de su autora. Es un texto distinto, y me parece también, desde la creatividad que propone, andante por los bordes y especialmente de lo que puede pensarse sobre el concepto moderno (y posmoderno) del personaje y el conflicto, con sus formas resolutivas de llegar a un final.

El otro texto al que quiero referirme de los dos que me llamaron la atención es No Mata, de Gabriela Cabezón Cámara. Debo decir que mientras escribo esto ya he probado una pizca de de su novela La Virgen Cabeza (2009), gentileza de otra editorial, Eterna Cadencia, y que estoy entre divertida, atrapada y pensante con el juego propuesto, atravesando la experiencia que seguramente será motivo de otra nota.

Pero volvamos a No Mata, este relato biopic, si se me permite la extrapolación del término, ficción después de la ficción y después de los géneros, que recorre la breve pero contundente biografía de Omar Octavio Carrasco, quien a los tres días de convertirse en soldado de la patria fue brutalmente asesinado a golpes por sus superiores del Ejército Argentino en la turbulenta Neuquén y pasó a la historia desde ese hecho trágico, y que resucitó un mes después, como nos explica la ficción y la realidad, auténtico Jesús Cristo que así nos redimió de una de las peores plagas de la historia argentina: la colimba.

La historia es de todos conocida, sin embargo el ritmo narrativo lo puso Cabezón y es de ella. A los saltos, entre barroco, esquizo y desencantado. Se deja ir por ese desfiladero al borde de la muerte, por dónde circula un camión lleno de pollos muertos como los segundos fatales-finales de la memoria. Y el dato intelectual que nos informa quién es ese chico, de qué semen cristiano, sudamericano y milenarista viene, al mismo tiempo que atraviesa la subjetividad posible que debe desbolarse mal capaz cuando la parca está cerca.

Al revés de la Reencarnada, esto es puro flashback simultáneo de tiempos espacios, que reconstruye sintácticamente los golpes de gracia, sujetos predicados que tratan de entender, y crean sus territorios, sus esquinas, sus paradas, sus excusas, sus demoras y sus apuros, hasta el envión final donde todo se detiene: la muerte.

Dos perlas entonces, entre La reencarnada y No Mata…

Ediciones Outsider: esperamos la III Antología, con sus prólogos, con sus pasajes de emergentes a consagrados y de consagrados a emergentes, pero sobre todo, con la posibilidad del ejercicio que proponen: encontrar otros textos.

No Retornable

Una forma de autoboicot

por Joaquín Correa Publicado en No Retornable (ver artículo original)

Una obra de ballet es un complejo universo de sentidos, en constante e irregular expansión. Nuestra percepción trata de descifrar esos movimientos, entenderlos o darles un sentido posible (tranquilizador). Si la obra se aleja de lo directamente referencial, querremos aún más buscar un punto de referencia para poder delimitar esas figuras (de modo similar a los comportamientos respecto de las circunferencias punteadas, por ejemplo, estudiados por la Gestalt). Una antología funciona como el ballet: no tenemos allí solamente un conjunto de textos reunidos, sino también -y principalmente- un manifiesto estético, un credo, mediante el cual sus textos dicen “presente” y se justifican. Debemos leer, entonces, las figuras trazadas por la antología en conjunto, tratando de no perder de vista eso que nos está diciendo a lo largo de sus páginas. Escrituras El fin del “Prólogo” anuncia que “el libro puede ser leído como un corte transversal de lo que se escribe a principios del siglo XXI en Argentina”, y es cierto, aunque se queda corto: es una muestra, de hecho, de lo que se viene escribiendo en el país desde los noventa, por lo menos: escrituras de la primera persona, elaboración de historias mínimas sin demasiada trascendencia o importancia, inserción en los círculos académicos o círculos ya consagrados… Todo esto da como resultado un hecho paradójico: si consideráramos a los textos fuera de la presente antología diríamos que son buenos y alguno, incluso, muy bueno, pero dentro de ella se nos hacen monótonos, de escasas variaciones, carentes de un sello personal o imposibilitados de formar un mínimo recuerdo posterior a la lectura. Outsiders de la realidad El “Prólogo” de la Antología Outsider II es bastante contundente: explícita de entrada (condicionando tal vez demasiado la lectura posterior) cuáles son sus objetivos, qué presenta con su selección. En pocas palabras: qué vino a decir esta antología. El criterio seguido para confeccionarla, nos dicen, fue el de los nombres, todos ellos vinculados, de alguna u otra forma, al concepto de “outsider”, ya sea porque están afuera de la sociedad (“por no decir lo mismo que dicen todos”), del mercado, de alguien o algo. Escrituras o escritores que se encuentran en la periferia económica en primer término y, derivado de ella, de las normas e ideales sociales y humanos imperantes. Frente a esto se esperaría una reacción de los escritores en tanto intelectuales, pero estamos muy lejos, parece decir el prólogo, de una postura como la sartreana, porque el escritor es poco más que un inútil: “¿Para qué sirve verdaderamente alguien que escribe? En el mejor de los casos, para alimentar el alma o sembrar alguna duda; también, para entretener o provocar rechazo. Nada demasiado importante, por lo menos no en estos tiempos”. Desde allí se podrían delinear dos consecuencias: la posición del outsider y su concepción rechazan la sociedad capitalista en tanto su existencia es signo de la posibilidad de obliterarla o, al menos, de negarla; o el acto de escribir / leer es un lujo que intenta olvidar inocentemente la división social de la cual nace y se desarrolla. Una confusión de estos dos caminos se puede encontrar en la concepción de la escritura como una vocación (contrapuesta a interés, y no relacionada -aparentemente- con el trabajo), ligada directamente a lo “outsider” de lo cual los escritores deben hacerse cargo. Hacerse cargo significa pasar gran parte del tiempo escribiendo frente a una computadora, imaginando situaciones o reconstruyendo recuerdos. Efectivamente: si hacerse cargo de ser un outsider significa esto, un escritor sirve para poco menos que nada. Inmediatamente surge una pregunta a todo lo anterior: ¿y qué hacemos con alguno de los autores incluidos en esta antología: Guillermo Martínez, Juan Diego Incardona, Elsa Drucaroff, Federico Andahazi, Patricia Suárez pueden calificarse como “outsiders”? La Antología outsider II, a fin de cuentas, no es tan outsider como pretende: sigue considerando fuertemente a la figura de autor además de adjudicarse el tono soberbio del vanguardista que habla desde un supuesto margen (pero que confunde, en su interior pequeño burgués, “margen” con “marginalidad”), cuando en realidad se encuentran mucho más cerca de las modas actuales y los convencionalismos presentes en la literatura argentina de un tiempo a esta parte. Sin olvidar que la elección misma de “outsider” niega todo aquello enunciado al definirse desde el idioma “de la sociedad del reality show, del auto último modelo y del último juguete tecnológico”.

Prólogo

Natalia Moret

Una forma de autoboicot

Sergio Olguín

¿Sueña Carlitos Tévez con gallinas eléctricas?

Gustavo Urueña Chaia

Riquísimo

Valeria Tentoni

La culebrilla

Guillermo Martínez

Retrato de un piscicultor

Cristian Godoy

Mr. Harris y los escarabajos

Juan Diego Incardona

La música rota

Elsa Drucaroff

El certamen

Agustina Catalano

Días de Jorge

Federico Andahazi

La gobernanta & sus culos sardos

Gabriela Cabezón Cámara

No mata

Juan Guinot

La Pulpería de las Luces

Patricia Suárez

La reencarnada

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